| Turquía por Paula y Javi 2005. |
| Textos y fotos cedidos Paula y Javi |
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Nos alojamos en el Monastery Pansiyon de Mustafapasa (www.monasteryhotel.com),
una pensioncilla excavada en la roca, sencilla pero con un ambiente muy
familiar y agradable. Ercan, el dueño de la pensión, es el
que nos hizo de guía durante los tres días que estuvimos
en la región. Es un chico joven que habla perfectamente español
y gracias al cual conocimos no sólo lo más famoso de Capadocia
sino, lo que es más importante, lo que no sale en las guías.
Capadocia da para mucho más que tres días y la verdad es
que nos quedamos con ganas de conocer el Valle de Ilhara, que dicen que
es sensacional, pero con lo que vimos ya nos podemos hacer una idea de
lo bonita que es la región. Por las mañanas Ercan nos daba
unas caminatas de tres y cuatro horas por valles como el de Gömede,
el Valle Rojo, el Valle Rosado… en los que, entre la naturaleza,
descubres ciudades excavadas en la roca, palomares, iglesias… ¡incluso
entramos en una iglesia camuflada como palomar! |
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Es impresionante encontrarte
algo tan grandioso detrás de una puerta tan pequeña y sobre
todo, escuchar la llamada a la oración de las mezquitas de los pueblos
cercanos cuando estás en medio de la montaña. Por las tardes
reducíamos el ritmo e íbamos a ver cosas más concretas
como la fortaleza de Ortahisar, cuyas medidas de seguridad no superarían
los estándares de la Unión Europea pero vale la pena jugarse
el tipo, la ciudad subterránea de Kaymakly, impresionante y no apta
para claustrofóbicos, Göreme que, aunque es el que tiene iglesias
mejor conservadas, fue el que menos nos gustó por parecernos una
especie de parque temático o Uçhisar, colofón final
para tener las mejores vistas de Capadocia. En fin, que nunca habíamos
ido con guía pero esta vez lo cogimos para hacer trekking sin perdernos
y la verdad es que nos gustó la experiencia, creemos que es la mejor
manera de conocer Capadocia, sin él hubiéramos ido a los
cuatro sitios turísticos y nos hubiéramos perdido lo que
más nos gustó. En Capadocia descubrimos las pide, una pizza turca deliciosa y muy barata. La de carne picada se come añadiéndole sal y páprika. La gente de allí es muy sencilla y agradable, todavía van vestidos con ropa tradicional en muchos sitios. Paramos a ver como unas señoras cocinaban pan en un horno junto a la carretera y al minuto ya nos habían regalado un pan recién hecho. A los que vayáis, aconsejamos Mustafapasa para quedarse a dormir. Es uno de los pueblos más bonitos que vimos, aún conserva muchas casas griegas de cuando se llamaba Sinasos. Además, no hay prácticamente turistas y el ambiente es muy relajado. Allí, Javi se afeitó en un barbero del pueblo, que era muy simpático, y dice que es una experiencia a recomendar. Es importante aprender a decir cuatro cosas en turco (hola, adiós, gracias…) y decirlas cuando se pueda, siempre les hace gracia. Por las noches nos quedábamos en el bar de la pensión tocando instrumentos tradicionales con Ercan o hablando de nuestros viajes con unos franceses que se alojaban en el mismo sitio. Cogimos un autobús nocturno que nos llevó de Ürgup a Antalya. El viaje se hizo muy pesado porque teníamos al lado una japonesa que roncaba y el conductor paraba 45 minutos cada hora y media, encendiendo las luces y poniendo música. Finalmente, llegamos a las siete de la mañana y cogimos un taxi que nos llevó a la Pensión Ninova (http://www.turkeyandistanbulhotels.com/hotels/antalyahotels/ninovapension.htm), en pleno casco histórico, totalmente aconsejable. En Antalya cogimos un coche de alquiler con el que recorrimos, durante siete días, la costa mediterránea, también llamada costa licia o costa turquesa, por el increíble color de sus aguas. En cuanto llegas a la costa el ambiente cambia totalmente con respecto al de Capadocia y el interior del país. La zona es muy frecuentada por turistas alemanes, franceses e ingleses que van a Turquía buscando un turismo de sol y playa más barato que el de países europeos. Eso sí, no encontramos ni un español en toda la semana. Los pueblos orientados al turismo son bonitos, aunque no esperéis encontrar idílicos pueblecitos de pescadores, existirían en su momento pero se han dejado vencer por las divisas de los extranjeros. En cuanto te sales de estos pueblos, las construcciones son más bien feas y en las poblaciones no hay nada que ver. Los paisajes, por el contrario, son impresionantes, montañas enormes con bosques de pinos que llegan hasta el mar, acantilados y una carretera sinuosa que bordea la costa. La conducción en Turquía es de volverse loco, no van rápido (¡gracias a Dios!) pero los adelantamientos a tres y la conducción temeraria están a la orden del día. Tampoco es raro encontrarte un burro en una carretera nacional, una familia entera subida en una moto y, lo más increíble que vimos, un chico subido en un vespino con un enorme cubo de basura atado al cuerpo en plena carretera de montaña. Respecto a la orientación, hay sitios que están bien señalizados y sitios que te puedes eternizar encontrándolos. De lo que visitamos, recomendamos especialmente: • La ciudad de Antalya que, aunque es grande, tiene un puerto
y un centro muy agradable y animado. Lo que no nos gustó nada fueron Fethiye y alrededores. La ciudad de Fethiye no tiene ningún tipo de aliciente (excepto el Nenfis Pide, donde se comen unas pides y unas kebabs estupendos) y está llena de turistas. La famosa playa de Olüdeniz, la que sale en todas las fotos, también nos supuso una decepción, una vez estás allí no es tan impresionante si ya has visto previamente otras playas turcas y además, con tanta hamaca y sombrilla de pago es muy difícil poner la toalla en algún sitio. Un amigo nos comentó que lo increíble es hacer parapente por encima de la playa, así que los que se atrevan ya saben. Cogimos un vuelo interno en el aeropuerto de Dalaman y llegamos a Estambul donde nos alojamos en el Hotel Fehmi Bey (http://www.fehmibey.com), un hotelito con encanto situado cerca del Hipódromo y la Mezquita Azul. Las habitaciones están bastante bien y el comedor de desayuno tiene unas vistas estupendas. El servicio, por el contrario, deja bastante que desear. De todos modos, si tenemos que volver a Estambul nos alojaremos en la zona de Taksim, mucho más ambientada ya que es por donde se mueven los turcos. Como sólo teníamos tres días para visitar la ciudad, intentamos ver el primer día todo lo “obligatorio” (Mezquita Azul, Santa Sofía, Palacio de Topkapi y la Cisterna) para ya poder después dedicarnos más a callejear y ver el ambientillo. Personalmente, Estambul me parece una ciudad fascinante, es estupendo coger un ferry que te lleve a Üsküdar a última hora de la tarde para ver las puestas de sol desde las teterías que hay en unas gradas con alfombras y cojines junto al mar (saliendo del muelle a unos diez minutos andando a la derecha). El segundo día, en vez de hacer el típico paseo por el Bósforo, decidimos hacer una ruta alternativa que proponían los Trotamundos. La verdad es que tardamos más y tampoco es que haya nada monumental que ver, pero sí te permite conocer la autentica ciudad que no se ve desde el barco, ya que lo que hay en primera línea de Bósforo son casas de gente rica. Concluyendo, fue una aventura interesante. La ruta proponía ir en ferry hasta Üsküdar, luego en autobús hasta Kanlica, famoso por su yogurt, haciendo un par de paradas, y luego de allí volver en ferry hasta Bebek (muy muy pijo) y de allí en autobús a Ortaköy. Coger un autobús en Estambul es un lío porque hay varios tipos de autobuses y según el billete que tengas puedes subir o no. Al final, como paramos en pueblecitos con poco turismo y se vuelcan mucho contigo, teníamos a toda la parada unida a nuestra causa para que no nos equivocáramos de autobús. Resumiendo, en los rojos tienes que comprar el ticket antes y en los verdes los compras sobre la marcha. Las direcciones las indican en unos paneles en el lado derecho del autobús pero no esperéis verlas en las paradas. En fin, que pudimos ver de cerca cómo se vive en los distintos barrios que componen la orilla de Estambul, y sobre todo, las enormes diferencias entre la parte europea y la asiática. El tercer día nos dedicamos a patearnos la zona de Beyoglu. Bajamos desde Taksim hasta la Torre de Galata, tanto la Lonely Planet como la Trotamundos tienen rutillas para aprovechar un paseo por esta zona. Descubrimos un pequeño patio interior con mucho ambiente para tomar un té, en el Pasaje Hacopulo, justo detrás del Consulado Británico, nos gustó mucho. De camino al hotel visitamos también la Mezquita Nueva, que es estupenda. Por la noche quedamos con un amigo que vive allí y que nos llevó a un restaurante-bar muy moderno y con unas vistas muy chulas, el 5 Kat (www.5kat.com), donde nos tomamos unas cervezas (Efes Pilsen, por supuesto). La verdad es que los mejores garitos de Estambul están un poco escondidos de la vista de quien no los conozca, no tanto por su ubicación como por el aspecto exterior de la fachada, edificios que parece que amenazan ruina pueden esconder los sitios más fashion de la ciudad. Como colofón final, y a modo de despedida, nos permitimos el lujo de cenar en uno de los restaurantes más famosos de Estambul, el Vogue, justo detrás del Palacio de Dolmabaçe (http://www.istanbuldoors.com/english.htm), si tenéis oportunidad vale la pena concederse el capricho. Finalmente, os facilitamos algunas webs que nos ayudaron a organizar el viaje: Para preparar el itinerario y saber más del país… • http://www.turkeytravelplanner.com/ (página sobre Turquía
de uno de los primeros autores de la Lonely Planet sobre este país.
Muy completa) Para buscar alojamiento… • Todos los buscadores generales de albergues y hostales como:
Güle, güle!
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