| Rusia. Moscú y San Petesburgo |
| Textos y fotos cedidos Manolo y Pepa |
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En Julio de 2005 decidimos entre varias opciones visitar Moscú y
San Petersburgo. Un viaje de ocho días (cuatro en cada ciudad).
Salimos de Málaga en un vuelo directo hasta Moscú. El vuelo
dura 5 horas, aunque con el retraso con el que salimos y el cambio horario,
llegamos a las 3:00 de la madrugada al hotel (la salida fue a las 17:40).
El hotel….a nosotros cuando viajamos nos gusta ir a hoteles céntricos
para podernos mover sin perder mucho el tiempo, pero eso en las grandes
ciudades rusas es imposible. Hay pocos hoteles céntricos, son la
mayoría de tamaño mastodóntico, situados a las afueras
y para más datos de la época de las olimpiadas. |
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En los dos laterales más estrechos la Basílica de San Basilio, increíbles los colores, los materiales… todo, su silueta… sensaciones indescriptibles. En frente y para cerrar la plaza el estupendo edificio rojo intenso del Museo de Historia. También se pueden admirar en la plaza la Catedral de Kazán, la puerta de la Resurrección y por supuesto el Mausoleo de Lenin (uno de los pocos sitios en los que no cuesta nada entrar). Hay que guardar una larga cola para entrar a ver a Lenin momificado; una vez que llegas al final de la cola te informan de que no puedes llevar mochilas y te señalan un sitio que hay enfrente donde te cobran por guardarte los bolsos, y lo peor no es eso, es que tienes que volver a ponerte en cola!!! Así que avisados quedan de que se deshagan de los bolsos antes de hacer la cola (que por cierto se encuentra en el lado de la plaza opuesto a la Catedral de San Basilio). Una vez dentro, hay que estar en silencio, varios guardias muy serios te lo recuerdan a cada rato. Se da un paseo alrededor de la cámara donde está expuesto (hace mucho frío), y no te puedes detener. Una vez fuera por detrás del Mausoleo visitas tumbas de rusos ilustres como Yuri Gagarin y de otros menos ilustres como Stalin. Un consejo, no hagáis fotos con trípode, al menos en la Plaza Roja, yo las hice y un guardia muy serio hablando ruso a un volumen considerado y con un tono malhumorado me dijo (creo) que no se podían hacer fotos con trípode y además le tuve que enseñar las que tenía ya hechas. No sé si me invitó a borrarlas, pero yo me hice la despistada y ahí quedó todo. De la Plaza Roja a la zona de Picadero, con una inmensa fuente donde se estaban bañando los niños moscovitas, y que a cada tramo tiene esculturas que representan personajes de cuentos populares rusos, muy bonita y rodeada de bares donde degustar una gran cerveza fría para descansar y aliviar algo el calor. Callejeando llegamos a la Plaza Lubyanka donde sobresale el antiguo cuartel de la KGB. En 1918 la Checa se instaló en este edificio y ya más tarde fue sede igualmente de la KGB. Por los alrededores se ven barrios de las clases altas moscovitas con tiendas de las grandes firmas de moda y complementos. Al siguiente día visitamos el Barrio de Rabat, donde en su principal calle peatonal, se observan mansiones de comienzos del XIX, hay tiendas de antigüedades, muchos restaurantes y cafés, una calle de ambiente bohemio. Comimos en una cadena de comida rusa llamadas Mu-Mu, que tienen una vaca de cartón piedra en el exterior. Es autoservicio y está bien de precio. Y después de reponer fuerzas nos dirigimos al mundo subterráneo, al mundialmente conocido metro moscovita.
El Metro (hay que ponerlo con mayúsculas debido a su espectacularidad) tiene una densa red que abarca desde el centro hasta casi toda la periferia. Es muy barato, ya que está subvencionado por el gobierno. Es amplio, bien organizado, limpísimo (no es posible ver nada en el suelo), no tiene publicidad (salvo en las escaleras, y desde hace poco). Los trenes pasan cada minuto y están muy limpios y cuidados. Se empezó a construir en 1931. Su decoración fue encargada a los mejores artistas de la entonces Unión Soviética. Durante la II Guerra Mundial sirvió de refugio a la población. Hay muchísimas estaciones que merecen la pena, son auténticos palacios, con grandes lámparas de araña, vidrieras, y usos de materiales como acero, realmente el mejor metro del mundo. Se visita cómodamente y es imprescindible dedicarle una tarde entera. Al otro día callejeamos por la calle Tverkaya, Teatro Bolshoi, Iglesia San Salvador y visitamos el Museo Pushkin, que no está mal pero para mi gusto abusa de las reproducciones. El último día lo dedicamos a pasear por Zamoskvoreche, al otro lado del río Moscova y desde el malecón del río se ven unas vistas magníficas del Kremlin y de la Plaza Roja. Ir al principio Por la noche llegaba la aventura del tren hasta San Petersburgo. El viaje ofrecía el viaje en cabinas de cuatro personas. Lo que nos habíamos ahorrado escogiendo hoteles de tres estrellas nos lo gastamos en ir en primera en el tren y en una cabina de dos, aunque no sabíamos muy bien con qué nos íbamos a encontrar. Llegamos a la estación, nos pusimos en el andén y llegó el tren, magnífico, se veía antiguo pero tan bien cuidado que parecía nuevo. La sorpresa nos la llevamos cuando accedimos al interior, un tren de película, con sus cortinas, de madera acabados metálicos, una maravilla, y cuando llegamos a nuestro coche y abrimos… nos encontramos con una habitación de época, con su juego de té, sus cortinas, todo de superlujo de época… una maravilla, no sé como será el Transiberiano, pero el nuestro debió de ser algo parecido. La cena estaba en unas cajas (en plan picnic, muy bien). El servicio común pero bastante limpio y digno. Estuvimos toda la noche viajando, y ha sido una de las experiencias más gratas del viaje, una experiencia inolvidable. Para aquellos que quieran aprovechar más el tiempo indicar que si el viaje se hace de día dura dos horas menos. No obstante recomendamos el viaje nocturno. En San Petersburgo a la llegada nos dicen que nos cambian de hotel,
que nos llevan a uno mejor, pero nos cabreamos mucho cuando vimos que
el que habíamos escogido en principio estaba mucho más
céntrico y bien comunicado que el Okhtinskaya Victoria que es
donde nos alojaron. ¿Para qué queremos uno mejor si para
desplazarnos teníamos que coger un bus, un tranvía, andar
un rato y después el metro o gastarnos una pasta en taxis? Como
protestar en Rusia es bien difícil nos aguantamos, pusimos la
reclamación al llegar a España. El hotel grande, enorme,
impersonal y nada del otro mundo, como todos los hoteles rusos. Tras
la visita panorámica donde ya pudimos ver lo alucinante que es
la ciudad nos fuimos a dar un paseo en barco por los canales de la ciudad
(al igual que Venecia y Ámsterdam tiene muchísimos).
Echamos el resto del día paseando por Prospect Nevski, arteria principal de la ciudad y alrededores. Muchos edificios, palacios, teatros y todos combinados de forma magistral, la arquitectura es increíble, se nota que fue construida para resplandecer. Al día siguiente al Ermitage, uno de los grandes museos mundiales. Allí estuvimos hasta que nos echaron, muchísimas obras de arte de todas las artes y las épocas. Velásquez, Murillos y Picassos ponen la nota de arte español. Ubicado en el Palacio de invierno merece la pena tanto por el contenido como por el continente, eso sí, acabas reventado y con dolor de espalda, pies….El almuerzo lo hicimos dentro del museo, tiene un bar que está muy bien donde te puedes tomar un sándwich para seguir la visita. También tienen un punto de Internet donde te puedes conectar. Por la tarde nos pateamos la zona del Puente de los Leones, Nueva Holanda, San Isaac, la impresionante Iglesia de la Sangre Derramada (parecida a la de San Basilio de Moscú, pero más grande). El tercer día lo dedicamos a la Fortaleza de Pedro y Pablo y a Vasilevski por la mañana (magníficas vistas) y por la tarde al metro que también es espectacular y que al pasar por debajo del río tiene unas escaleras mecánicas de vértigo. El último día lo dedicamos igualmente a pasear, San Petersburgo es una ciudad que se disfruta paseando, tanto edificio bien conjugado con el entorno y con el resto de la arquitectura llega a ser abrumador. Una ciudad increíble. La vuelta la hicimos con un vuelo directo San Petersburgo-Málaga.
Consejos: Entrada y salida del país: los controles de entrada y salida
en los aeropuertos son bastante severos pero nada del otro mundo. Es
más el respeto que impone ver a esos señores con esos uniformes
mirar tantas veces tu cara y la foto del pasaporte. A la salida nos cachearon,
pero nada más. Está prohibido sacar rublos (monedas o billetes)
y el vodka y el caviar tienen un límite. Ir al principio |
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