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A conocer mundo.
| DĂa 1 llegamos. | La citĂ© | Mercado | Canal Midi |
| Narbonne | Notas de viaje |
Llegamos en unas 3 horas y nos alojamos en hotel citea barbacanne el Jueves 30 por la tarde. Nos dio el tiempo justo ese dĂa para ver la citĂ© por fuera y encontrar un super mercado abieto en la ciudad nueva. AquĂ parece ser que todo cierra muy pronto y no hemos encontrado un chino o pakistanĂ abierto donde comprar agua, leche etc. ya que el aparta-hotel tiene cocina para aprovecharlo. El hotel está muy bien, con wi-fi gratis en la habitaciĂłn, salĂłn cocina y baño, a 5 minutos caminando a la puerta lateral de la citĂ© por una cuesta empinada y empedrada. Fuera de la muralla, pero en la parte viaje (donde estamos) es muy tranquilo, con las casas tĂpicas francesas, que parece salir de un decorado, pero no hay mucha gente en las calles que no lleven la cámara colgada del cuello. Y siempre al fondo las agujas de las torres y la muralla de piedra que ves con sĂłlo levantar la cabeza desde cualquier parte. La ciudad nueva está a unos 15 minutos caminando.
La primavera parece la Ă©poca ideal,porque todo está muy verde con manchas rojas de amapolas y el rĂo baja lleno. Ideal par venir con niños un puente.
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Visitamos la citĂ© desde la entrada lateral cercana al hotel. Nos la jugamos contra el tiempo y salimos con paraguas e impermeables mientras chispea un poco con un cielo muy negro. Subimos a duras penas “tirando” del carrro por la cuesta empedrada y mojada, pero llegamos en pocos minutos a la muralla. Los turistas salimos como las setas, se escucha hablar castellano y catalán por todas partes. Nos encontramos lo que esperábamos por lo que habĂamos visto en fotos y guĂas, una impresionante fortaleza antigua muy bien conservada. No cuesta nada imaginarse a los arqueros apuntando desde arriba y tirándo aceite hirviendo a los invasores para proteger la fortaleza. Una vez dentro de la muralla, todo es un parque temático medieval. Tiendas de souvenirs, donde puedes comprar desde un llavero hasta una armadura y una espada seguramente toledana. Restaurantes y hoteles, algunos museos privados, tiendas de ropa y alguna de comida rápida. En la oficina de turismo (al lado de la entrada principal), nos informan con mapas incluidos de la citĂ© y los alrededores. Hay suficientes actividades para no aburrirse durante el fin de semana. Mercado, paseos en barco etc…. Nos subirmos al trenecito que recorre el contorno de la muralla, porque, claro, si vamos con un niño tenemos que hacer estas cosas. DespuĂ©s de callejear y parar en algunas de las carĂsimas tiendas, vamos a comer.
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Comimos en uno de los muchos rasurantes que anuncian su menĂş en la puerta, más o menos entre 12 y 18 € todos. Supongo que irse de aquĂ sin comer cassoulet es dejarte algo pendiente. Yo la pedĂ, es un guiso a base de habas, panceta, salchichas y pato (al menos el que me sirvieron) y particularmente….. creo que fue un error pedirlo. Posiblemente no acertamos con el restaurante, por lo que no te lo voy a recomendar. DespuĂ©s parecĂa que empezaba a aclararse el tiempo, por suerte, la lluvia no fue más que una amenaza durante toda la mañana, eso si, el viento y el frĂo nos lo fastidiaron un poco.
DespuĂ©s del tĂo vivo, bajamos hasta la ciudad baja (que se separa de la nueva por el rĂo), caminando hasta el hotel. Por el camino el niño se durmiĂł en el carro y a la vuelta… mientras echaban la siesta salĂ a buscar una tienda abierta para comprar algo para la cena y….”violá” lo encontrĂ©, asĂ que… hoy cenamos patĂ© y queso francĂ©s, por supuesto.
Por la mañana temprano, desde nuestro hotel caminando por el puente viejo llegamos en unos 15 minutos al mercado de la ciudad de Carcassone. Los colores de las verduras, los quesos, las especias y los pescados y sus olores inundan una plaza que habĂamos conocido un tanto sosa y grisácea. Un montĂłn de gente, lugaremos, turistas, inmigrantes y demás companm, pasean, hacen fotos, venden y descansan en la plaza que es fácil de encontrar ya que está justo en el centro del pueblo. No tienes más que seguir a los que van a comprar con los cestos vacĂos y asegurarte el camino porque te encuetnras a los que vienen de cara con los cestos llenos. Como siempre visitamos los mercados, nos encantan, y es donde ves a la gente realmente del lugar. Desayunamos en una terraza de la plaza unos “cafĂ© au lait y croasants” y compramos verduras, quesos y provisiones para la cena en el aparthotel.
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A unas pocas manzanas de la plaza del mercado está el puerto fluvial de Carcassonne, en la parte nueva. Se lleva subiendo por una calle comercial y no tiene pérdia con cualquier mapa de la ciudad o preguntando. Desde allà subimos a una de las barcazas para pasear por el canal. Para salir del empbarcadero hay que pasar por una esculsa. Una vez en el canal, el paisaje es realmete precioso, un carril bici circula por la orilla todo el camino. Desde el canal se puede ver la cité a lo lejos. La excrusión corta dura una hora y media y salimos a las 10:30h de la mañana después de visitar el mercado, hacen otra igual a las 14:00. Vale la pena, la visita es guiada en francés y español.
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Después volvimos a la cité caminando para comer allà en una de las muchas terrazas al sol y luego visitar El casillo de la cité:
Para entrar a visitar el castillo que hay dentro de la citĂ© se paga entrada aparte, vale la pena porque está muy bien conservado, las vistas son realemente espectaculares de las torres. No puedes evitar asomarte desde las almenas e imaginar que estás lanzando flechas luchando para proteger la fortaleza de los invasores. Por dentro está totalmente vacĂo, ya que te cobran una entrada y lo han restaurado no estarĂa de más algĂşn detalle en el interior frĂo y de piedra. Se puede pasear por la muralla interior, alguna torre y descansar en una sombra en el patio central.
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Por la mañana temprano y evitando la autopista, atravesamos un puñado de pueblos pequeños y pintorescos hasta Narbonne disfrutando del colorido paisaje de primavera, con sus campos verdes, sus viñedos floreciendo los primeros brotes despuĂ©s de la poda, flores, montañas y un dĂa con un cielo azul perfecto.
Aparcamos “dentro” de la catedral de Narbona, un edificio claramente barroco que sĂłlo tiene un trozo “mantenido” la parte exterior se conserva poco mejor que en ruinas, estaba casi llena de coches de los parroquianos que estaban en misa. Bajamos hasta la plaza donde está el mercado. Era Domingo, buen tiempo, sol, primeravera… y dĂa de mercado Âż?. No sĂłlo los puestos a modo de mercadillo a uno y otro lado del rĂo sino tambiĂ©n la plaza de abastos estaba abierta.
En el mercadillo, puedes comprar lo que en casi cualquie mercadillo, desde ropa a pilasm, frutas, quesos, pescado fresco y seco, platos precocinados, revistas, y hasta una raciĂłn de paella para llevar. La plaza de abastos, parece más un parque temático gastronĂłmico que una plaza. Hay varios bares y en algunos, te sirven una bandeja llena de marisco cubierto de hielo, con muy buena pinta y otras “delicatessen” de la cocina francesa. Creo que el mercado es un buen sitio donde parar a comer, eso si, en un tabuere apoyado en la barra o en una mesa alta. Desde luego… es muy pintoresco.
Narbonne fue un alto en el camino de vuelta, pero…. valiĂł la pena. Desde allĂ en poco más de dos horas por autopista llegamos a Barcelona.
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